El estudio del uso agropecuario de la tierra

↓10

En los países en desarrollo, una elevada porción de la población total se desenvuelve dentro del sector agropecuario. Si bien éste realiza una importante contribución del producto bruto social, en las áreas rurales se concentran los mayores niveles de pobreza.

KUZNETS (1964) define la contribución del sector agropecuario al crecimiento económico como:

↓11

En las economías en desarrollo, el aumento de la producción agropecuaria cumple una función de mitigación de la pobreza y una contribución al desarrollo económico general (STRÖBEL, 1987; BRAUN, 1997).

Desde los años sesenta se asigna un lugar prioritario a la promoción del sector agropecuario en las políticas de desarrollo nacional e internacional. En las sociedades agrícolas tradicionales, el aumento de producción requerido se lograba a través de la expansión de la tierra cultivada; actualmente este desarrollo extensivo de la agricultura no es posible (BRAUN, 1997). En el caso de Iberoamérica, la tierra, potencialmente disponible, se encuentra distribuida desigualmente, razón por la cual, para muchos agricultores sin tierras o para pequeños agricultores, la tierra es escasa (KIRSCHKE, 1993). Por otra parte, el incremento de la producción basado en la mera expansión del área (o en el aumento del tamaño del ganado o del rebaño) a un nivel constante de tecnología, está limitado en su dimensión y, por lo general, es insuficiente para desarrollar la agricultura. A la luz de los profundos cambios resultados del aumento, sin precedentes, de la tasa de crecimiento de la población, de las tecnologías modernas, de los nuevos mercados, de los cambios radicales de precios y de las nuevas aspiraciones, el óptimo tradicional se torna obsoleto (RUTHENBERG, 1985). Desde mediados de los años sesenta los esfuerzos de aumento de la producción se destinan a desarrollar la tecnología agraria: semillas, fertilizantes y tecnología (Saatgut-Düngemittel-Technologie)3, que sustituya la (superficie de) tierra por capital, o sea, una tecnología de ahorro de suelos (BRAUN, 1997).

↓12

Un crecimiento satisfactorio no se logra alcanzar tan sólo mediante el aumento de los rendimientos por hectárea, asimismo... los efectos derivados de incrementar el capital y el trabajo y por la instrumentación de reformas institucionales también serán limitados, mientras las técnicas de producción permanezcan tradicionales y no se modifique la función de producción (RUTHENBERG, 1985).

El crecimiento económico significativo y sostenido del sector agropecuario en regiones conformadas por establecimientos agropecuarios familiares, mayoritarios en países con economías en desarrollo, requerirá incrementar la producción de mercado por sobre la de consumo propio (GITTINGER, 1966). RUTHENBERG (1985) afirma que, a fin de alcanzar un crecimiento en términos económicos generales y de producción de alimentos en las zonas tropicales, se requiere impulsar en gran escala las pequeñas unidades agropecuarias:

↓13

“Of course large farms have a role in agricultural development. They are often indispensable for the production of seed and breeding stock. They have advantages for certain plantation or state crops and for the use of marginal lands. A large-farm sector may play an important nucleus role for the introduction of new technologies by trial and error. By and large, however, the developing countries have to achieve agricultural development through smallholders. A great deal of empirical evidence suggests that small farms –despite their small size and their initial low level of productivity- have considerable capacity for change and improvement, that is for agricultural development in the broadest sense.”4 (RUTHENBERG, 1985; p. 5).

El potencial yace en (1) la mayor utilización de las capacidades existentes de trabajo y capital, los que, debido a retrasos en el proceso de adaptación de las instituciones y de sus funciones, no están siendo usados productivamente, y (2) en la introducción de progresos técnicos que brindan aumentos inmediatos de la producción y que –gracias a la generación de ingresos- tienen un efecto inmediato en movilizar las reservas de trabajo, capital, tierra y talento empresario (RUTHENBERG, 1985).

La agricultura del llamado tercer mundo, en gran parte localizado en los trópicos5, permanece, en términos generales, con niveles bajos de productividad, a menudo, cerca o bajo el nivel de subsistencia. Iberoamérica presenta sistemas de pastoreo en grandes regiones de los trópicos estacionales semiáridos y subhúmedos, a menudo en combinación con uno o dos años de cultivo después del talado inicial; con incrementos de la humedad permanente, los cultivos perennes toman áreas mayores; aparte de estos sistemas orientados comercialmente, de origen más reciente, existen áreas pobladas más densamente con sistemas tradicionales mixtos, orientados a la producción de subsistencia (JAHNKE, 1996).

↓14

En la Pcia. de Misiones, en donde se localiza el área de estudio, el municipio Andrés Guacurarí, se verifica esta problemática de la agricultura de los trópicos húmedos. El 70% de las 47.000 explotaciones agropecuarias pertenecen a pequeños productores, con superficies menores a las 25ha. Misiones es la segunda provincia con mayor densidad del país (26,5 hab./km²); de la población total, el 50% habita en áreas rurales. Los cultivos perennes sustentan la producción agrícola, los cultivos anuales se destinan principalmente para el consumo propio y la ganadería no alcanza a cubrir el consumo interno. El sector industrial se dedica, principalmente, a la transformación de materias primas obtenidas de la producción agrícola y forestal (INDEC, 1991).

2.1  La planificación agropecuaria

JAHNKE (1996) afirma que no existen razones para considerar que las zonas tropicales presenten desventajas intrínsecas en cuanto a la productividad agropecuaria. Los sistemas de los trópicos y subtrópicos se encuentran en un proceso de cambio rápido, mostrando una tendencia a la transición de sistemas extensivos a intensivos (RUTHENBERG & ANDREAE, 1982). El aumento de la producción agropecuaria en las zonas tropicales y subtropicales, así como la conservación de la productividad de los suelos, requiere del empleo de tecnologías y formas de cultivo apropiadas, adaptadas a las condiciones locales (JAHNKE, 2000; PRIMAVESI, 1984; RUTHENBERG & ANDREAE, 1982). RUTHENBERG & ANDREAE (1982) señalan:

↓15

„Die Intensivierung der Bodennutzung ohne Unterstützung durch moderne Technologien und in ihren verkörperten Unterstützungsenergien führen zum „low level equilibrium“ und gleichzeitig zu einer ineffizienten Nutzung der in den Tropen und Subtropen reichlich vorhandenen Sonnenenergie. Mit Hilfe moderner Technologien gelingt es dagegen, eine nützliche Vegetation zu unterhalten, deren Trockenmassebildung die der natürlichen Vegetation erreicht und überschreitet.“6(RUTHENBERG & ANDREAE, 1982, p. 170).

Las políticas gubernamentales, la investigación agropecuaria y de desarrollo deben basarse en el conocimiento comprehensivo de los sistemas agropecuarios y de sus ambientes (JAHNKE, 2000, RUTHENBERG, 1985; HILL & MOSHER, 1962).

JAHNKE (1996) discrimina los factores que determinan el desarrollo agropecuario, dentro de cualquier zona agroecológica entre:

↓16

El análisis de la trayectoria de los sistemas agropecuarios (path of farming systems)facilita estimar los potenciales para el desarrollo con que cuenten los mismos (JAHNKE, 1996). En el caso de los sistemas tradicionales, la introducción de innovaciones requiere analizar de que manera las mismas repercutirán sobre la productividad, intensidad, rentabilidad y sostenibilidad (Nachhaltigkeit) de los distintos sistemas de producción y de uso de la tierra, del mismo modo, es preciso poder ofrecer innovaciones apropiadas (angepaßte) para la zona agroecológica correspondiente (JAHNKE, 2000).

↓17

RUTHENBERG (1985) indica:

“To choose appropriate and ecologically adapted paths of development it is necessary to view the farming system as a whole within the tropical ecology at large... Traditional farming systems in humid environments, such as shifting cultivation and garden agriculture, may be capable of maintaining soil fertility at low population densities, albeit at low productivity levels. But generally they cannot cope with increasing population pressure... A dense vegetation and high biomass production ...[provided by] the use of modern technology (high-yielding varieties, fertilisers, pesticides, etc.) and in particular the change towards multiple cropping or to a permanent crop, [which] brings total dry-matter production up to or even above the level of the natural vegetation, producing significantly more edible dry matter at the same time... are essential for the ecological stability of tropical land-use systems. In this way a protective cover is provided for the soil similar to that of the natural vegetation, and the production of organic matter benefits the soils. Modern technology in the tropics can be very much in line with ecological requirements of sustained land-use systems.78 (RUTHENBERG, 1985, p. 87-89)

↓18

La transformación de los sistemas agropecuarios puede ser organizada y acelerada mediante intervenciones externas, a través de los llamados proyectos de desarrollo9.

En los países en desarrollo, el uso de proyectos aporta un marco tecnológico, económico, social e institucional importante para instrumentar medidas de promoción de diversos tipos (DOPPLER, 1991).

Los proyectos emanados de iniciativas gubernamentales son planificados y ejecutados dentro del ambiente político. GITTINGER (1982) indica que este proceder se origina debido a que es el accionar político el que permite a las sociedades equilibrar múltiples objetivos, a menudo en conflicto.

↓19

El ciclo de proyectos se conduce, por regla general, en un marco conceptual y operativo jerárquico. El enfoque jerárquico asume la posibilidad de dirigir las acciones de agentes privados a través de incentivos y regulaciones, los que se definen a partir de estudios de amplia envergadura. Los factores que influyen el desarrollo agropecuario se dividen entre naturales: los que se definen en las primeras etapas de investigación y se emplean para determinar el espectro de posibles innovaciones, y socioeconómicos: a partir de los cuales, en definitiva, se definen los proyectos.

JAHNKE (1996) destaca:

↓20

“Project analysis concentrates ... more often than not on narrow financial and economic techniques and calculus.”10 (JAHNKE, 1996; p. 12)

RUTHENBERG (1985) afirma que las políticas de desarrollo, dirigidas simplemente a obtener retornos altos de las inversiones, valoran en forma equivocada la función de la agricultura en el proceso de desarrollo.

2.2 El análisis del uso de la tierra

La planificación agropecuaria principia en el estudio del ambiente físico, buscando especificar las restricciones que éste impone al uso agrícola de la tierra11 , 12.

↓21

El uso de la tierra se analiza, planifica y ejecuta, predominantemente, a escala regional según un enfoque jerárquico. La planificación con enfoque jerárquico13 se emplea con el fin de facilitar la introducción de innovaciones en el uso de las tierras desde la esfera pública, a través de su estructura administrativa, jerárquica, que comprende el nivel nacional o regional, de estado o provincia, de distrito y de localidad. Bajo el enfoque jerárquico, las necesidades y las posibilidades para promover el desarrollo rural serán determinadas sobre la base de decisiones políticas, orientadas según estudios técnicos, sobre el ambiente físico por una parte, y el entorno socioeconómico por el otro (CARPENTER, 1981).

La clasificación de tierras informa sobre la oportunidad de aprovechar recursos naturales y contrastan, generalmente, la coincidencia espacial del uso presente del territorio con objetivos públicos o con las potencialidades estimadas.

Los estudios económicos y sociales estiman la factibilidad, el costo y la utilidad probable de la inversión.

↓22

Por último, el análisis del proyecto resolverá las discrepancias entre los usos potenciales de los recursos y los actuales14.

Tendencias recientes proponen basar el análisis de proyectos a partir del conocimiento que el habitante rural posee de su ambiente, de las propias limitaciones y de sus expectativas, incorporando el denominado enfoque participativo15. El análisis de la situación se desarrolla sobre la base de métodos no estandarizados. Se concentra respecto al entorno específico, tanto natural como socioeconómico, y la planificación de las actividades se transforma en un proceso interactivo, entre los técnicos y los ejecutores locales, los habitantes involucrados por los posibles proyectos.

El análisis del uso de la tierra desarrollado según la aproximación paisajista puede ofrecer un marco conceptual, a fin de combinar las herramientas y conceptos útiles propuestos por ambos enfoques. Según la misma, la escala del análisis, tanto temporal como espacial, y la identificación de los actores correspondientes es determinada por el suceso de interés. La dinámica propia de los sistemas observados determina la jerarquía de interacciones, dentro de la cual éstos se desenvuelven.

↓23

La incorporación de sistemas de información geográfica al análisis de proyectos del uso de la tierra permite y facilita extender el análisis de información con referencia geográfica, al ofrecer herramientas para combinar y analizar la información extraída a distintas escalas y obtener y presentar los resultados en concordancia con los requerimientos de información de los participantes del proceso buscado16.

Los apartados siguientes desarrollan los fundamentos de los métodos de análisis del uso de la tierra y su contribución al análisis de proyectos agropecuarios. El final del capítulo describe el fundamento teórico de la metodología presentada para el análisis del uso de la tierra destinada a proyectos agropecuarios, con escala local a regional y dimensión temporal definida.

2.2.1  La clasificación de tierras

La “clasificación” o “evaluación de tierras” es un estudio técnico sobre el potencial productivo de los recursos naturales disponibles en un territorio, evaluado en el espacio geográfico. En el ámbito de la actividad agropecuaria, los estudios de los recursos de un territorio se destinan, entre otros, a evaluar innovaciones como la diversificación o intensificación de cultivos, la expansión de la superficie productiva, la ejecución de programas de crédito o de conservación de los recursos naturales o la conducción de reformas agrarias o tributarias (FREEMAN, 1975).

↓24

La clasificación de tierras comprende la zonificación, caracterización e interpretación espacial de atributos físicos y biológicos del ambiente natural o modificado17 presente, en relación con usos actuales o potenciales18. El análisis incluye, frecuentemente, el contraste entre los usos actuales con usos potenciales.

El análisis de datos cartográficos compone un elemento central de la planificación del uso de recursos naturales (BAILEY, 1988; BERRY, 1987). La distribución geográfica desigual de los recursos es la razón fundamental por la cual la tierra se clasifica en diferentes unidades y se cartografía, mediante sistemas de fácil comprensión y útiles para varios propósitos (MUELLER-DOMBOIS, 1981b). El uso de mapas para analizar el potencial del desarrollo socioeconómico se fundamenta en la presunción de que las limitaciones al desarrollo agropecuario son una suma de inconvenientes y restricciones, tanto físicos como culturales, que muestran una expresión espacial en el paisaje agrícola, facetas que pueden ser identificadas por medio de mapas, los que, posteriormente, pueden ser base de cambios de políticas (KREISMAN, 1975).

Los sistemas de clasificación de tierras son, mayoritariamente, jerárquicos respecto a la dimensión espacial. Las unidades menores, con mayor detalle, conforman los complejos o sistemas, y éstos, a su vez, las regiones, la que muestran el detalle menor. La jerarquía se logra al subdividir progresivamente el territorio o al reagrupar las unidades menores. El detalle y nomenclatura de presentación de resultados debe modificarse de su formato original, a fin de facilitar su interpretación a diferentes niveles de decisión en la planificación y ejecución de políticas de uso de la tierra (MUELLER-DOMBOIS, 1981a).

↓25

La clasificación regional del uso actual se refiere, básicamente, a la descripción de la cubierta vegetativa presente (FREEMAN, 1975); opcionalmente, se la cuantifica o se valora su estado (AVERY & BERLIN, 1985).

Los usos potenciales se infieren a partir de la clasificación e interpretación de las características naturales del territorio. A tal fin, se estima la adaptabilidad del suelo19 a prácticas agrícolas y, opcionalmente, su potencial, en combinación con el clima predominante, para producir cultivos específicos20.

Los resultados de la determinación del uso actual son utilizados en las clasificaciones de tierras para inferir resultados interpretativos y, a su vez, conclusiones obtenidas de estos últimos son extrapoladas para estimar el uso actual (AVERY & BERLIN, 1985; FREEMAN, 1975).

2.2.1.1  La zonificación

↓26

GALLOPÍN (1982) define la zonificación (regionalización) en función del concepto operativo de “región”, la que comprende “cualquier unidad espacial o aérea determinada basándose en la existencia de características comunes entre los puntos que se encuentran en el interior de los límites establecidos para identificarla”

BERRY & MARBLE(1968) diferencian tres grupos de criterios para definir regiones:

↓27

Los sistemas de clasificación de tierras se fundamentan en el criterio de homogeneidad para dividir el territorio total en unidades de tierras21, dentro de las cuales sea posible realizar predicciones sobre la respuesta ecológica o la adaptación del sistema a determinados usos22.

Las “unidades homogéneas de tierras” se delimitan analizando, fundamentalmente, los atributos suelo, cobertura, clima, geología y topografía23 (BAILEY, 1988; GALLOPÍN, 1982; HAMILTON, 1981b, MUELLER-DOMBOIS, 1981a; SOTO & HARPER, 1975), bajo el supuesto de que, dentro de éstas, se presentan oportunidades y restricciones similares a varios tipos de uso de la tierra (HAWES, 1978). La zonificación se orienta según los probables usos de interés futuros, definidos a escala regional o nacional24. El análisis se define según una dimensión geográfica. La evaluación de indicadores con otras dimensiones es interpretativa (GALLOPÍN, 1982).

GALLOPÍN (1982) discrimina las variables utilizadas para clasificar las unidades homogéneas de tierra entre las de delimitación, empleadas para definir los límites de las unidades homogéneas, y las de caracterización, que sirven para identificar unidades semejantes; a su vez, las de caracterización pueden diferenciarse entre básicas, aquellas obtenidas por observación directa de los sistemas, p. ej., clima, suelo, pendiente, y generadas, derivadas a partir de las básicas, como productividad agrícola, riesgo de erosión, valor para conservación.

↓28

La zonificación de un territorio en las denominadas unidades homogéneas naturales25 se lleva a cabo por la individualización directa o mediante técnicas analíticas.

Zonificación directa

Las técnicas de zonificación por observación directa se pueden discriminar según los criterios elegidos para seleccionar las áreas mínimas homogéneas.

Una posibilidad, según la aproximación genética, consiste en delimitar las unidades de tierras analizando un parámetro con alta variación espacial, bajo el supuesto de que éste representa la variación de los restantes factores, los que a su vez dieron origen al primero26. Este principio es aplicado en la subdivisión en tipos y fases de suelo, empleado por el método americano, (SCS, 1962) o en el método australiano, C.S.I.R.O., basado en la delimitación según atributos de la topografía, modificado luego por la calidad del suelo27 (DAVIDSON, 1980).

↓29

Según la definición anterior, la delimitación del uso actual puede ser considerada una variación de la aproximación genética. En la clasificación del uso actual, las unidades de tierras son homogéneas respecto a la función que cumple la cubierta vegetativa (FREEMAN, 1975). El territorio se zonifica delimitando los patrones de elementos con expresión geográfica, e. d., sólo aquellos que puedan ser reconocidos en imágenes remotas28.

El enfoque ecológico delimita el territorio según la variación de uno o ciertos parámetros, que se consideren determinantes en la formación de ecosistemas, y estos últimos, a su vez, se consideran unidades homogéneas de manejo. El sistema de zonas de vida principia con la división del territorio según el clima; las zonas de vida, a su vez, se dividen en ecosistemas, asociaciones o grupos de asociaciones de vegetación natural, dentro de los cuales se espera encontrar posibilidades homogéneas para el desarrollo de cultivos específicos29 (HOLDRIDGE, 1967). HILLS (1966) propone la división sucesiva de unidades, acorde con las escalas de administración, las unidades regionales son uniformes respecto al relieve, suelo y material original, mientras que las unidades menores, de dimensión local, son uniformes en los requerimientos o posibilidades de las prácticas culturales y niveles de producción de cultivos, e. d. suelo, clima y prácticas culturales. El sistema de clasificación biofísica canadiense30 comprende la zonificación a escala regional (land region, 1:1.000.000 a 1:3.000.000), demarcando los climas expresados por la vegetación, la subdivisión a escala de distrito (land district, 1:250.000 a 1:100.000), de sistemas de tierras (land system, 1:100.000 a 1:250.000), pudiendo incluir hasta la clasificación de tipos de tierras (land type, 1:10.000 a 1:60.000), caracterizados por combinaciones de suelos y vegetación, las que se consideran con detalle suficiente para inferir conclusiones sobre su manejo (land capability assessment) (LACATE, 1981).

La aproximación paisajista propone delimitar los sitios o unidades de paisaje31 por reconocimiento directo de los componentes del ecosistema (ZONNEVELD, 1989; CHRISTIAN & STEWARD, 1964). WELLER & DURWEN (1994) aplican el método paisajista a escala de predio, delimitando el sitio (Standort) en función de las restricciones para la agricultura, de difícil modificación por parte del agricultor –humedad, exposición solar, ph, temperatura de microclimas, nivel natural de nutrientes.

Zonificación analítica

↓30

La zonificación analítica consiste en superponer mapas temáticos transparentes de cada atributo ambiental y demarcar las combinaciones espaciales de parámetros o identificar aquellas áreas con combinaciones particulares de interés (McHARG, 1971). El método de transparencias se emplea frecuentemente para analizar relaciones geográficas, para contrastar el uso actual y los potenciales estimados por las evaluaciones de tierras (BAILEY, 1988; FREEMAN, 1975) y demarcar áreas o regiones que presenten problemas o potenciales similares (FREEMAN, 1975). El análisis se realiza en forma manual o automática, empleando sistemas de información geográfica (GIS32), mediante los cuales, opcionalmente, se combinan los atributos en ecuaciones complejas, analizándolos como variables de distinto peso (BAILEY, 1988; FOX & CHOW, 1988; BERRY, 1987).

2.2.1.2 La caracterización

La información detallada se sintetiza en mapas abarcando extensiones de superficies relevantes al nivel de la toma de decisiones en la planificación de proyectos (frecuentemente, las escalas oscilan entre 1:1.000.000 a 1:100.000, para estudios nacionales y regionales, entre 1:100.000 a 1:50.000, generalmente para detalle de distrito o provincia33, y, excepcionalmente, para estudios específicos, se presentan en 1:25.00034 o mayores). Las unidades de tierras o sitios se agrupan en complejos, sistemas o regiones, empleando criterios de uniformidad35 o de funcionalidad y de cercanía espacial, con tamaños acordes con la escala del mapa final de exposición del estudio36.

El análisis del sitio (Standortanalyse) finaliza con la presentación del mapa mostrando la delimitación de las unidades y complejos de sitios y detallando, en leyendas e informes, los de atributos físicos y biológicos (WELLER & DURWEN, 1994) y los tipos presentes de uso de la tierra.

↓31

Los sistemas de clasificación ofrecen diversos métodos para resumir la información básica. Se emplean fórmulas, índices o gráficos dentro de las unidades, con leyendas aclaratorias (MUELLER-DOMBOIS, 1981a; SOTO & HARPER, 1975). El uso actual se expone mediante leyendas aclaratorias, indicando la función de la cobertura, generalmente discriminada por intensidad, modalidad y tipo de uso; la medida más importante de la intensidad del uso actual es la productividad, la que puede ser expresada de acuerdo a los rendimientos por unidad de superficie o por las entradas del agricultor, sin embargo, frecuentemente no se hace referencia específica tanto a la intensidad así, como tampoco, a cultivos determinados o a prácticas de manejo (FREEMAN, 1975).

La caracterización de los atributos ambientales de las unidades es, por lo general, transformada mediante análisis interpretativos, a fin de clarificar los resultados obtenidos para su interpretación por técnicos de otras disciplinas y facilitar su incorporación al análisis de proyectos de desarrollo socioeconómico37 (WELLER & DURWEN, 1994; CARPENTER, 1981; SOTO & HARPER, 1975; SCS, 1962).

2.2.1.3 Estudios Interpretativos

La estimación de la capacidad productiva38 (capability assessment), junto con su resultado, el estudio de aptitud de uso o de uso potencial (suitability assessment), constituyen los estudios interpretativos de mayor empleo en el marco de proyectos de desarrollo rural.

↓32

La capacidad productiva indica, en su sentido principal y de mayor aceptación, la capacidad potencial de los suelos, en conjunto con las características del terreno, para producir cosechas. Basándose en un enfoque ecológico, la capacidad productiva (land capability) puede ser equiparada, asimismo, a la capacidad de carga de un territorio para un número de usos o simplemente, a la productividad biológica potencial del sitio (MUELLER-DOMBOIS, 1981b)39.

La mayoría de los sistemas de clasificación de tierras estiman la capacidad productiva de los suelos desde el punto de vista de un suelo ideal40, desde el cual se parte restando los factores que imponen limitaciones al uso de la tierra para los cultivos; a fin de lograr detalle local, se incluyen otros factores de análisis, cuya importancia y número varía de un sistema a otro y se los puede agrupar en los campos ecológicos y económicos. Los factores ecológicos se refieren generalmente a características climáticas que restringen el desarrollo de cultivos específicos41. Los factores económicos son altamente específicos a la localidad, son incluidos sólo en estudios locales, entre otros, se considera la relación de la ubicación de las unidades y el costo de obtener cosechas o los costos necesarios para llegar a determinados niveles de manejo, considerados óptimos para la producción en el área.

La descripción de usos potenciales, así como de requerimientos de prácticas de control de erosión, constituye el estudio de aptitud. La valoración de la “aptitud de las tierras”, derivada de la estimación de la capacidad productiva, constituye, asimismo, un análisis interpretativo, a cargo del juicio de los técnicos de las áreas de ciencias naturales. La aptitud se describe a través de niveles de restricciones a usos múltiples, según intensidades de uso o detallando cultivos específicos42. Se asume que el uso más intenso es el agrícola, y a medida que los suelos presentan menor potencial para esta intensidad, se los considera con mayor aptitud para la intensidad siguiente: pastos, silvicultura, conservación de la flora y fauna y recreación43.

2.2.1.4 Alcance de la clasificación de tierras

↓33

A continuación, se discuten aspectos conceptuales y metodológicos respecto a la utilidad de la clasificación de tierras como herramienta para la toma de decisiones en el proceso de planificación del uso de la tierra. Se examina el concepto de unidad natural homogénea, su zonificación, la predicción sobre su potencial agrícola y forestal, así como el análisis del uso presente de las áreas rurales.

El ambiente natural

Las técnicas de clasificación de tierras de mayor empleo se fundamentan en la evaluación de imágenes remotas, datos estadísticos y material cartográfico disponible, complementadas con muestreos de campo. Las clasificaciones de tierras constituyen un componente de los levantamientos. Los mismos, en su calidad de estudios técnicos, se diseñan y conducen en función de reducir las etapas de recolección de datos y de aprovechar el reducido tiempo disponible y los fondos, usualmente escasos, destinados a los mismos (RANDALL, 1975)44.

La localización y delimitación analítica de combinaciones de atributos ambientales, extraída de mapas temáticos, obtenidos en relevos independientes, incorpora una serie de desviaciones al supuesto de unidad ambiental homogénea (ZONNEVELD, 1989; BAILEY, 1988).

↓34

Las desviaciones al supuesto de unidad ambiental homogénea pueden discriminarse entre error vertical y error horizontal, de los cuales, el primero se refiere al grado de uniformidad y pureza dentro de las unidades, y el error horizontal, a la bondad de ajuste de los límites, para demarcar las unidades o regiones relevantes a cada escala. El error vertical surge al combinar áreas con diferente grado de uniformidad, demarcados con distintos criterios de exclusión de áreas pequeñas, de situaciones atípicas o de elección de rangos relevantes45; el error se potencia si, en la región, las impurezas de una transparencia, coinciden con las de otras. El error horizontal se origina al superponer mapas, en los cuales las unidades referidas a cada atributo natural analizado, presuntamente representando un mismo ambiente, presentan diferencias en la posición de sus límites (BAILEY, 1988).

BANNING et. al. (1973) señalan cuatro razones principales que conducen a diferencias en la delimitación de unidades ambientales: errores de orientación, de clasificación, diferencias reales y la falta de correlación de los atributos naturales.

La falta de coincidencia entre los bordes de las unidades, demarcadas en las trasparencias, así como el empleo de mapas disponibles, con diferentes escalas y proyecciones, incrementan ambos errores citados. Las discrepancias entre los límites pueden conducir, igualmente, a la creación de franjas ficticias (sliver zones), especialmente al sintetizar la información de las transparencias mediante GIS, de no incorporarse criterios para la eliminación de las mismas (BAILEY, 1988).

↓35

ZONNEVELD (1989) propone reducir el error vertical y eliminar las tres primeras causas del error horizontal, mencionadas anteriormente, a través de la zonificación directa en el campo, enfrentándose con las dimensiones de áreas de los estudios regionales, así como con la inaccesibilidad de áreas46. La corrección de los límites o eliminación de franjas ficticias en la clasificación final, según criterio del técnico a cargo o de técnicos locales, reduciría el error horizontal (TUAZÓN, 1994; ZONNEVELD, 1989), al mismo tiempo, se incorporan nuevos criterios subjetivos al proceso de zonificación.

En la clasificación de imágenes remotas de regiones de bosques tropicales se suscitan inconvenientes especiales para estimar la aptitud agrícola de la tierra47. Por una parte, en regiones extensas, la cobertura natural ha sido reemplazada (HOLDRIDGE, 1981) y la observación de la cobertura instalada puede ofrecer sólo indicios, ya que normalmente refleja las prácticas culturales y los niveles de insumos empleados (SOTO & HARPER, 1975). La clasificación de la cobertura natural como indicador de los suelos basándose en el empleo de imágenes remotas o mapas “de alta data”48 desvirtúa el análisis de los ambientes en aquellas áreas donde la misma pudo haber sido reemplazada después de cierto tiempo, ya que los suelos son modificados por la vegetación dominante49 (PRIMAVESI, 1984). Por otra parte, donde la vegetación natural se encuentra presente, surge el impedimento de la baja correlación observada entre la fisonomía y diversidad de los bosques tropicales y las condiciones agrícolas de la tierra (PRIMAVESI, 1984; MOSS, 1981a; MUELLER-DOMBOIS, 1981b), entre la estructura o composición de las comunidades vegetales y cambios locales de topografía (MOSS, 1981a; PRIMAVESI, 1984) o, como caso frecuente, en estas regiones se comprueba que la calidad agrícola de los suelos varía en menor proporción de una serie de suelo a otro, que entre perfiles50 (MOSS, 1981a).

La clasificación del uso actual en las zonas tropicales y subtropicales acarrea dificultades similares. El primer inconveniente se relaciona con el posible crecimiento vegetativo permanente y con la mayor variedad y diversidad fisonómica de plantas útiles o económicas (en relación con los climas temperados); el segundo, especialmente en Iberoamérica, es el intercalado, en superficies relativamente pequeñas, de cultivos arbóreos con actividades agrícolas, minifundios y latifundios, actividades agrícolas en tierras con gran pendiente, diversidad considerable de cultivos, cultivos mixtos y variaciones climáticas locales, situaciones de difícil reconocimiento en las imágenes remotas y de clasificación en mapas de escalas pequeñas (FREEMAN, 1975).

↓36

Las técnicas de clasificaciones de tierras de mayor aplicación se fundamentan en el concepto de integración, denotando que el ambiente, físico y biológico, actúa y reacciona en forma sinérgica. Se asume que la identificación de combinaciones de atributos ambientales permite reconocer relaciones funcionales de los sistemas naturales, delimitar unidades homogéneas respecto a estas relaciones, basándose en la integración vertical de los componentes del sistema y, finalmente, predecir las respuestas ecológicas al manejo dentro de las unidades, las que a su vez se correlacionarían con la productividad del sistema, percibido como una combinación de recursos naturales51 (BAILEY, 1988; MOSS, 1981a y b).

El identificar en un único mapa el comportamiento de las prácticas de manejo requiere un profundo conocimiento ecológico (BAILEY, 1988). La estimación de la aptitud de la tierra para usos específicos requiere la comprensión de los efectos de prácticas de manejo sobre los ecosistemas individuales y conocimientos sobre la calidad y la cantidad de rendimiento que se obtengan a partir del uso de los recursos presentes (OEA, 1987; HILLS, 1966). Al estimar el potencial agrícola mediante las clasificaciones de tierras, tal es el caso de la clasificación de sistemas de tierras de FAO (1976), se asume, implícitamente, el conocimiento de los cultivos locales, sin embargo, la información detallada sobre las condiciones óptimas de cada cultivo, para la totalidad de sitios de las extensas regiones analizadas, generalmente no se encuentra disponible (DAVIDSON, 1980). BAILEY (1988) indica que los parámetros empleados más frecuentemente para el análisis ambiental han sido adoptados sin la correspondiente verificación sobre su capacidad de reflejar las diferentes respuestas del sistema natural al manejo agrícola52.

La integración vertical de los componentes ambientales simplifica los sistemas naturales a unidades uniformes, del mismo modo, las conclusiones sobre prácticas de manejo son generalizadas para amplias extensiones geográficas, proponiendo reducir la diversidad del paisaje tropical, en vez de incentivar a su diversificación (MOSS, 1981a).

El potencial productivo

↓37

El propósito de conducir evaluaciones de tierras ha sufrido modificaciones conceptuales. El objetivo de localizar suelos para extender la frontera agrícola –que caracteriza al método CSIRO53- se amplía a fin de reconocer concentraciones de recursos naturales, que justifiquen proyectos para su utilización. Los inventarios de recursos naturales para el desarrollo valoran los suelos en rangos de aptitudes para formas de uso, o de cultivos, o actividades específicas54, y la cobertura natural, selvas, bosques y praderas, según su contenido de especies comercializables o de comunidades vegetales aprovechables para la ganadería, como se detalla en los procedimientos de “inventarios integrados de recursos naturales para promover el desarrollo económico” (SOTO & HARPER, 1975). El denominado enfoque ecológico55 pretende, conjuntamente, brindar herramientas de decisión para la prevención o corrección de usos cuyo desarrollo conlleve a una alteración “degradativa” de los sistemas naturales originales (WELLER & DURWEN, 1994; CARPENTER, 1981). Estas herramientas, afirma CARPENTER (1981), son provistas a los responsables de planificar el uso regional de la tierra a través de los estudios de capacidad y aptitud de la tierra.

La estimación de la “aptitud”56 –expresada como usos o cultivos específicos potenciales, como restricciones a formas de uso o como la capacidad productiva para formas de uso- conforma un aspecto central en la clasificación de tierras.

BROWN et. al. (1987) señala que el concepto “aptitud” (suitability) –igualmente, sus implicancias- no presenta un consenso general aceptado; usualmente es descripto mediante términos como máxima producción sostenida (maximum sustainable yield), capacidad de carga (carrying capacity) y mínima población viable (minimum viable population). Según indica el autor, no se dispone de procedimientos estándares de medición de los parámetros de máxima producción sostenida y de capacidad de carga; el primero ha sido utilizado desde principios de siglo en el campo forestal y pesquero y como objetivo de manejo de recursos acuíferos, pero valores exactos de producción sostenida (sustainable yield) son todavía muy difíciles de obtener. Por otra parte, la capacidad de carga se refiere a la población máxima que un ambiente puede mantener en forma continua, valores de este parámetro han sido utilizados en varios estudios empíricos, que relacionan la población humana con el uso de determinados recursos (BROWN et. al., 1987; HOLDRIDGE, 1967) o como restricciones para usos determinados, en proyectos de planificación y manejo de tierras (TOSI, 1976). BROWN et. al. (1987) descarta el valor de la estimación de la capacidad de carga como parámetro de restricción de uso, debido a que,

↓38

“The carrying capacity of any given region is subject to change. It may be increased through investment of capital and technology, or through imports of energy and materials from outside region.57” (BROWN et. al., 1987; p. 715).

Finalmente, el concepto mínima población viable se refiere al número mínimo, crítico, de individuos de una población, por debajo del cual, ésta corre riesgo de extinguirse; el uso de este concepto es, aún, un ejercicio puramente académico (STEWART & HUTCHINGS, 1996). Se emplea, sin embargo, a menudo con relación a conflictos entre el uso de la tierra y la protección de la vida silvestre; los valores disponibles de este parámetro, obtenidos a través de modelos dinámicos de ecología y genética de poblaciones, carecen de respaldo empírico58 –las experimentaciones necesarias se tornan impracticables debido a los largos plazos y a los altos costos asociados, requeridos para su determinación (LEHMKUHL, 1984).

↓39

Desacuerdos sobre el significado o las implicaciones de la estimación de la aptitud de la tierra, de la capacidad productiva o la determinación de usos potenciales para las unidades y complejos de tierras, conducen a obtener resultados significativamente diferentes (OEA, 1987). A través de un estudio comparativo de tres clasificaciones de tierras (land use capability classifications) referidas a un mismo proyecto, en el Valle Palcazu de la Selva Central, OEA (1987) concluye que

“... serious errors can be made [by the allocation process of land use] if all assumptions that went into the classification are not known... Land use capability is dependent on both the inherent characteristics of the landscape and on certain level of technology.”59 (OEA, 1987).

↓40

La indeterminación de la escala espacial o la adopción implícita de una escala temporal perpetua condiciona, en modo similar, posibles confusiones sobre las medidas, conclusiones e interpretaciones respecto a las respuestas de los sistemas ambientales al uso (BROWN et. al., 1987).

El uso actual60

La caracterización de la cubierta vegetativa, e. d., la evaluación del uso actual de los sistemas naturales, es empleada para facilitar la identificación de oportunidades de desarrollo, las que se estiman relacionando la potencialidad de los recursos del suelo, forestales y de aguas a su presente utilización (FREEMAN, 1975). En áreas donde el uso actual se relaciona con la trayectoria agrícola, la caracterización del uso actual refleja, además, la experiencia acumulada por los agricultores y la preferencia de los operadores (KREISMAN, 1975).

Los estudios destinados a proyectos de incremento y a la diversificación de la producción demandan una multiplicidad de datos. De tratarse de un uso actual razonablemente adaptado a los suelos y al clima, como la producción de secano, se necesitará un estudio bastante completo de los factores técnicos, económicos y sociales, para poder determinar que medidas se requerirán para alcanzar una producción más alta. Asimismo, para poder definir las metas, es necesario predecir los niveles más altos de productividad factibles bajo un tipo de producción. Por ejemplo podría ocurrir que las diferencias en el rendimiento de los cultivos estén más directamente relacionadas a ciertas variedades de cultivos que a cualquier otra variable. Por lo tanto, un mapa que muestre la distribución de esta variedad en particular sería muy útil en la formulación y presentación de un proyecto que ponga énfasis en su amplio uso. Por otra parte, es posible que las limitaciones al incremento tengan carácter económico o social, tales como tenencia de la tierra, facilidades inadecuadas de almacenamiento o valores sociales relativos a la riqueza del agricultor, tal como ésta es medida por sus vecinos. En relación con la planificación de proyectos de diversificación agropecuaria la información requerida para diagnosticar los factores que afectan al uso actual será menor, mientras que en el caso de la predicción y la planificación de nuevos cultivos o usos ésta será relativamente mayor (FREEMAN, 1975).

↓41

Las investigaciones sobre la tenencia de la tierra en el uso actual evidenciaron que los problemas relacionados a ésta repercuten como restricciones al desarrollo agropecuario, por lo que se torna importante reflejar la modalidad de tenencia en el estudio del uso actual.

Los levantamientos detallados serán de utilidad para problemas locales relacionados con la colonización, la productividad de la tierra y de la mano de obra, la planificación del uso específico de la tierra, y en la esfera física referente a factores como declives, erosión, drenaje e irrigación.

Los sistemas de clasificación de tierras no incluyen en la descripción final del uso actual la información detallada, necesaria para planificar y financiar los proyectos de desarrollo, ya que:

↓42

Finalmente, la comparación espacial entre el uso actual y los usos potenciales, estimados gracias a sistemas de clasificaciones de tierras, sólo pueden ofrecer una base limitada para evaluar el grado en que el uso actual se aproxima a un uso óptimo, debido a la baja correspondencia entre ambas clasificaciones: el uso actual refleja la cobertura, sin consideraciones sobre el manejo de los cultivos, factores que no pueden ser inferidos a través de fotointerpretación, mientras que la clasificación del uso potencial expone una interpretación sobre la tolerancia de los suelos a las prácticas de cultivos y sobre las prácticas de manejo recomendadas (FREEMAN, 1975).

2.2.1.5 Aplicación de los resultados

La incorporación y aplicación de los resultados de las clasificaciones de tierras a proyectos agropecuarios se enfrenta a una serie de dificultades técnicas y conceptuales.

↓43

Las clasificaciones de tierras definen el análisis según criterios de homogeneidad o de funcionalidad; por otra parte, los análisis socioeconómicos operan en torno al criterio de programación o administración, e. d., se adoptan las áreas administrativas y límites políticos, introduciendo distorsiones al implementar lineamientos extraídos de las clasificaciones de tierras (FREEMAN, 1994).

DAVIDSON (1980) sugiere que el primer paso en las etapas de reconocimiento es excluir áreas claramente no aptas para un dado uso particular, pero a fin de diseñar proyectos más detallados es necesario incorporar análisis de mayor complejidad. En su opinión, se mantendrá vigente la necesidad de realizar estudios comparativos, simples y de amplio espectro, para propósitos de planificación nacional o regional, pero a medida que el análisis se torna más detallado, se requieren métodos que integren los complejos factores de decisión a escala local, así como procedimientos que incorporen la perspectiva de los ocupantes de las tierras61.

Métodos para determinar la capacidad potencial de la tierra (potential land capability), a la escala apropiada, pueden ser de utilidad, p. ej., para actividades como diseño y manejo de áreas protegidas, la delimitación de zonas de construcción, en entrenamiento de especialidades como ingeniería o extensión (LUTZ & DALY, 1990). Sin embargo, estima DAVIDSON (1980), éstos resultan de escasa utilidad para orientar al agente privado o la toma de decisiones a escala local sobre el uso de la tierra, ya que:

↓44

Los métodos frecuentes de clasificación de tierras no incorporan la experiencia local, autóctona (JOHNSON, 1985). El conocimiento de los lugareños sobre su ambiente directo, socioeconómico y natural, no se refleja cabalmente mediante análisis estadísticos o interpolaciones (SCHÖNHUTH & KIEVELITZ, 1993). DALAL-CLAYTON & DENT (1993) señalan:

↓45

"Failure in land use planning has been much more a failure in working with people than a failure of natural resources data. Land use planning has been a centralised and top-down activity... Land use planning has failed because governments are not omniscient or omnipotent. The loads they impose on themselves in attempting to plan, implement and administer land use soon exceed their administrative and logistical capacities63, and outstrip both, the abilities of their professionals to supply natural resources information and their own capability of using it. Yet they hanker after the tried and tested and failed procedures of physical planning –in which experts prepare maps that indicate in considerable detail how land should be used. The supposed beneficiaries of development have little opportunity to articulate their needs in terms of development, technology or information. Nor do they have the opportunity to contribute their own local knowledge."64 (DALAL-CLAYTON & DENT, 1993; p. 115).

LUTZ & DALY (1990) afirman que el conocimiento de los agricultores sobre sus tierras puede ser superior al contenido en un mapa, y el obtener análisis de suelos y recibir buenas sugerencias sobre las posibilidades de conservación de suelos a bajo costo puede serle de mayor utilidad que tener acceso a mapas de la capacidad productiva de la tierra. Es relevante notar que la inclusión de variables ecológicas en estudios del uso actual ha mostrado que el uso actual frecuentemente se corresponde estrechamente con las asociaciones postuladas según el sistema de zonas de vida (FREEMAN, 1975).

La definición de políticas del uso de la tierra sin la participación local conduce generalmente a situaciones conflictivas, las que se tornan de difícil ejecución o fracasan (SCHWEDERSKY et. al., 1997; CONACHER, 1980). El intento práctico de modificar el uso de la tierra de acuerdo con resultados de clasificaciones de tierras se confronta, generalmente, con la oposición local (HAMILTON, 1994), especialmente allí, donde la presión social es alta (POOL, 1994).

↓46

El desarrollo agropecuario requerirá, inevitablemente, de la participación activa del agricultor. La combinación de producción para consumo propio y para la comercialización, característica de los establecimientos agropecuarios familiares, le permiten al pequeño agricultor reducir sus posibilidades de crecimiento como productor, año tras año, al límite de asegurar la subsistencia de su grupo familiar, y ofrecer una resistencia pasiva, de considerar que no es en su beneficio adoptar nuevas prácticas (GITTINGER, 1966). Dentro del sector agropecuario, raramente se lograrán mejoras permanentes basándose en el mero uso de la autoridad gubernamental65. Su participación sólo se logrará, cuando éste considere que obtendrá beneficios adicionales o esté dispuesto a realizar sacrificios en función del interés público (RUTHENBERG, 1985). La planificación de proyectos agropecuarios, por parte del sector público, puede extenderse en la práctica, sólo a acciones indicativas66 (GITTINGER, 1966).

NITSCH (1996) denota la importancia de incorporar al proceso de decisión, respecto al uso de la tierra, a los correspondientes grupos de interés afectados por los proyectos de desarrollo y conservación afirmando que:

↓47

„Not that detailed maps should not be drawn, –quite the contrary; but “clean” maps should be made available to civil society and to the international community, and the future planning maps should be “scenarios” to be decided on by democratic procedures, not the result of technocratic exercises.“67 (NITSCH, 1996; p. 18).

2.2.2 El uso de la tierra desde la perspectiva local

Tendencias relativamente recientes proponen la adopción del enfoque participativo en el análisis de proyectos.

El enfoque participativo da fundamento a la reseña participativa (participatory research). La reseña participativa pretende, tanto obtener la información específica del medio local no provista por los métodos estándares, así como reducir los costos y tiempos destinados a la fase de recopilación de información.

↓48

Extendiendo el concepto participativo, este enfoque se adopta en el proceso de planificación. La planificación participativa incorpora a los grupos locales como agentes de decisión.

2.2.2.1  La reseña participativa

La reseña participativa escoge como fuente prioritaria de información el grupo al cual se destinan las posibles acciones. Se emplean diversas fuentes secundarias, incluyendo estudios anteriores, datos estadísticos, mapas e imágenes remotas del área y publicaciones de interés general relacionadas (SCHÖNHUTH & KIEVELITZ, 1993).

Las entrevistas con habitantes locales se destinan a obtener información sobre fenómenos no observables en forma directa, como la relación entre producción de mercado o de subsistencia, acceso a recursos, alquiler o posesión de los mismos, tamaño y composición de la familia. A través de preguntas claves se detectan problemas centrales, áreas claves e indicadores locales. Se emplean cuestionarios orientadores, con aproximadamente 10 a 15 preguntas, con flexibilidad para incorporar nuevas en el momento. Las entrevistas se desarrollan con individuos o grupos, casuales o escogidos. La “secuencia de entrevistas” puede reflejar etapas de un proceso, p. ej., desde la producción de subsistencia a la de mercado. Personas claves pueden brindar puntos de vista o información especial.

↓49

La observación directa se incorpora a la reseña participativa como método para corroborar y complementar el cúmulo de información recopilada.

La reseña participativa emplea como herramientas de comunicación, entre otros materiales, fotos aéreas, bosquejos y mapas locales simples.

La planificación participativa se remite a la localidad en cuestión y se desarrolla como una mediación entre intereses locales y externos. Los habitantes locales adquieren la función de planificadores y ejecutores responsables de los componentes del proyecto, que los afecten en forma directa.

↓50

El concepto subyacente de la planificación participativa consiste en las siguientes suposiciones: las actividades diseñadas conjuntamente –entre promotores y receptores- serán afines con el estilo de vida, predisposición y capacidad de los ejecutores locales (SCHÖNHUTH & KIEVELITZ, 1993), la participación local facilita la interpretación de las oportunidades de desarrollo, la identificación de las necesidades locales (SCHÖNHUTH & KIEVELITZ, 1993; OEA, 1984) y puede proveer, de igual forma, un marco empírico sobre las prácticas posibles y su desarrollo (JOHNSON, 1985).

2.2.2.2 La toma de decisión y el cambio de escala

La reseña participativa como la planificación participativa pueden considerarse eficientes sólo a la escala local.

El alcance de las decisiones basadas en reseñas participativas como en el marco de la planificación participativa se acota, no obstante, por estimaciones técnicas respecto a la interacción entre modalidades e intensidad de uso y la modificación del entorno natural, a la conveniencia tecnológica y al beneficio socioeconómico local y general68.

↓51

La planificación participativa se destina, principalmente, a dimensiones de localidad. La expansión de la planificación local a la escala de región se confronta con la dificultad de organizar, conducir y comparar las planificaciones comunales, contraponiéndose la calidad del análisis a costos no proporcionales. Hipotéticamente, una mayor competencia de organizaciones locales podría conducir a facilitar esta expansión, optimizando los requisitos de calidad y costos. De resolverse este aspecto, la simple adición de planificaciones locales podría conducir a posibles enfrentamientos entre comunas, por elección de usos incompatibles. Esto requerirá la toma de decisiones por los organismos regionales administrativos a cargo. A favor de estas técnicas, cabe resaltar que, los resultados puntuales pueden ser incorporados al proceso de toma de decisiones a escala regional como ensayos pilotos, obtenidos en localidades que muestren tanto condiciones extraordinarias como recurrentes (SCHÖNHUTH & KIEVELITZ, 1993).

2.2.3 Integración de enfoques y técnicas

La filosofía de la planificación jerárquica lleva implícita el concepto de región. Las técnicas de recopilación de datos y análisis concuerdan con esta premisa y los resultados reflejan el proceso de síntesis sucesivas. Las escalas de diseño e instrumentación del proyecto se adaptan al nivel de influencia de la institución y de los estratos administrativos que promuevan los proyectos de desarrollo de uso de la tierra (CARPENTER, 1981).

La extrapolación de los resultados de investigaciones participativas a la escala regional, supeditada a decisiones externas, retoma el principio de la planificación jerárquica. Esta extrapolación se relega a los técnicos, los que transforman y transfieren los resultados de análisis participativo a la estructura jerárquica planificadora, de la cual el agricultor no forma parte. El análisis de la problemática en términos comunes a la institución y al ejecutor local, el agricultor, puede servir de herramienta de comunicación entre estos dos niveles de decisión, facilitando la definición de estrategias favorables a ambos grupos de interés.

2.2.3.1  Teoría de paisajes

↓52

La aproximación paisajista introduce al análisis del uso de la tierra un concepto funcional de jerarquías, definiendo niveles de influencia entre los componentes de un proceso, interactuando dentro de un sistema.

Un paisaje terrestre es un mosaico de parches, es decir, un espacio heterogéneo; el mosaico de parches constituye el patrón del paisaje, generado por procesos a escalas diversas, el patrón de paisaje identifica la unidad de paisaje (URBAN et. al., 1987). Los factores más importantes para caracterizar la evolución de un paisaje y los suelos asociados son: topografía, patrón de drenaje, erosión local, vegetación natural y el uso de la tierra (AVERY & BERLIN, 1985). La ecología de paisaje destaca evaluar la influencia de la escala espacial de observación y de los efectos ecológicos de la ocurrencia de patrones espaciales en su relación con la dinámica de los sistemas naturales (RISSER et. al., 1984). Las características útiles para estudiar el paisaje son: estructura, función y cambio. En el área de la planificación del uso de la tierra este enfoque se adapta para relacionar el patrón espacial y la ocurrencia de procesos analizados a varias escalas, integrando aspectos económicos y geográficos (TURNER, 1989).

La escala, espacial y temporal, conque se conduce un estudio, puede influir profundamente en las conclusiones (WIENS et. al., 1986). Determinados procesos y parámetros pueden ser relevantes a una escala y no a otra, ya que la importancia relativa de parámetros controlando un proceso ecológico puede modificarse con el cambio de la misma (TURNER, 1989; WIENS et. al. 1986). Los paisajes muestran barreras umbrales de escala a la que se observan cambios cualitativos de la dinámica de los procesos ecológicos (TURNER, 1989). La extrapolación lineal de resultados a escala local, sin la consideración de la heterogeneidad espacial de otras variables influyentes, brinda resultados inadecuados para predecir conclusiones a escalas significativamente distintas (WIENS et. al., 1986; KING et. al., 1987).

↓53

Los componentes de eventos y de parches de un paisaje suceden a escalas características, temporal y espacial, observándose una relación positiva entre las mismas; igualmente, es posible diferenciar una estructura dependiente de la escala espacial, distinguiéndose una red vertical. La aparente complejidad de los paisajes puede ser resuelta parcialmente descomponiéndolo en un marco jerárquico (URBAN et. al., 1987). Los sistemas organizados en forma jerárquica pueden ser divididos, o descompuestos, en unidades funcionales discretas, operando a diferentes escalas (SIMON, 1962). Los componentes de un sistema jerárquico están organizados en múltiples niveles de acuerdo con una escala funcional. Cada sistema de la jerarquía se define en función de un determinado fenómeno a analizar, cuyo mecanismo que lo dirige sólo puede ser comprendido considerando el contexto en el que se desarrolla. La complejidad de dinámicas y de patrones espaciales a distintas escalas puede ser resuelta en pocas variables y un conjunto de constantes definidas con relación al nivel de referencia (escala a la que se observa el fenómeno de interés) (URBAN et. al., 1987).

En una estructura jerárquica, los eventos causantes de patrones a una escala pueden ser incorporados en la conducta de niveles superiores. Un evento muestra una explicación de su mecanismo en el siguiente nivel inferior y su importancia (its significance) en el contexto de restricciones del nivel superior (O`NEIL et. al., 1986). Un componte, en un dado nivel de una jerarquía, experimenta como variables sólo aquellos patrones que se asemejan en su escala, así como en tamaño. Comparativamente, las dinámicas de nivel inferiores son considerablemente más rápidas que las que experimentan las variables promedio, así como las dinámicas de niveles superiores son demasiado lentas para ser experimentados como variables (URBAN et. al., 1987).

El paradigma jerárquico permite, del mismo modo, concentrarse en el análisis de un evento a una escala particular, aceptando que existen otras escalas relevantes para ese evento particular; por otra parte, los niveles alejados del nivel de referencia no son de interés inmediato, dado que contribuyen escasamente para comprender el evento de interés (URBAN et. al., 1987).

↓54

Los sistemas naturales, modificados por el ser humano, constituyen paisajes en los cuales las escalas relevantes de ocurrencia de patrones, espacial y temporal, y la posición de sus límites han sido alterados; asimismo, ciertos disturbios pueden haber sido suprimidos o introducidos (a la escala de percepción); si bien, frecuentemente, los espacios incorporados a la actividad humana son considerados como más uniformes, éstos pueden presentar patrones con mayor variabilidad que los gobernados por dinámicas naturales, ya que la tierra de uso humano no sólo refleja las restricciones impuestas por la naturaleza (BOWEN & BURGESS, 1981), sino, por los recursos económicos disponibles y los deseos personales de los usuarios individuales (URBAN et. al., 1987). Los sistemas sociales se diferencian de los sistemas mecánicos o biológicos, de naturaleza determinística o estocástica, respectivamente, por ser esencialmente de naturaleza indeterminada (FUCHS, 1973).

La aproximación jerárquica es de utilidad en el análisis de la ecología de paisajes al procurar:

↓55

La actividad agropecuaria, asimismo, es un elemento de un sistema jerárquico. El establecimiento agropecuario se inserta dentro de un sistema mayor definido por el área rural y comprende, a su vez, variadas actividades, las cuales constituyen asimismo, sistemas, e. d., está constituido por un conjunto de subsistemas, los que conforman una jerarquía de otros sistemas, —p. ej., la producción de un cultivo constituye un sistema, donde el suelo es uno de sus subsistemas, el cual, a su vez, contiene comunidades de microorganismos, constituyendo sistemas. Los establecimientos pueden ser agrupados por la similitud de su estructura, definiéndose sistemas agropecuarios, dentro de los cuales se espera, los establecimientos individuales presenten funciones de producción similares; el análisis del conjunto, el cual concierne a la toma de medidas políticas, se facilita al agregar las unidades individuales en grupos o clases (RUTHENBERG, 1976).

La aproximación jerárquica, disgregando la actividad agropecuaria en niveles de análisis, permite, entonces, analizar tanto un agregado de unidades de interés, p. ej., para la toma de medidas conjuntas, como al establecimiento individual, el cual se asume, centro de interés del agricultor, el responsable local de la actividad agropecuaria.

2.2.3.2 Sistemas de información geográfica

Un sistema de información geográfica (GIS) comprende un hardware y un software, los que permiten incorporar, almacenar, recuperar, transformar, medir, combinar, dividir y representar datos espaciales, que hayan sido digitalizados y registrados en un mismo sistema de coordenadas.

↓56

El empleo de GIS suma cuantiosas herramientas al análisis del uso de la tierra. Modelos matemáticos o sistemas de reglas (ruled-based model) posibilitan el análisis sobre la complejidad, interacción y dinámica, espacial y temporal, de sistemas definidos en una dimensión espacial, empleando las herramientas provistas por el mismo GIS o en combinación con otros paquetes de cálculo –tablas de cálculo, base de datos, paquete estadístico, de diseño o de análisis pictográfico (JOHNSTON, 1998).

La precisión y la escala del análisis dependen, en mayor medida, de las características de los datos originales y del cúmulo de información y complejidad de cálculos, que puedan ser administrados y conducidos por el hardware y el software utilizados. La automatización y agilidad de los cálculos permite incorporar o excluir parámetros y variables, así como modificar valores y rangos de los mismos, con relativa facilidad, a fin de estudiar escenarios de interés.

La representación cartográfica constituye una función inherente al GIS, posibilitando adaptar la escala y la complejidad de la información de las cartas al formato pertinente para la presentación de resultados.

↓57

En relación con la planificación del uso de la tierra, FAO (1993) expresa:

“A GIS can offer valuable facilities to land-use planners. First, disaggregated data can be stored and retrieved by location. For example, crop yields may have been collected in order to calculate a financial measure of performance like the gross margin; these data can be stored and subsequently retrieved and used again for other purposes. Point data can be stored as such, rather than being lost by incorporation into mapping units... A further facility is to undertake complex and manually tedious calculations using any combination of the data in store,... tables and maps of interpreted information can be produced very quickly. More important, the data can be updated or corrected and the methods of calculations revised by changing the computer program so that new maps and tables can be produced rapidly. The cost of a GIS is now low and quite powerful systems can be run on personal computers.”69 (FAO, 1993; p. 78).

2.3 El análisis del establecimiento agropecuario

↓58

La agricultura es una actividad voluntaria, es el resultado de decisiones hechas por personas, basadas en razones racionales, de tradición, emocionales o de otro tipo; comprender el funcionamiento del desarrollo agropecuario significa, por lo tanto, comprender como surgen estas decisiones. La producción agropecuaria misma significa la organización de los recursos disponibles en combinación con el trabajo humano, para lograr subsistencia e ingresos. El establecimiento agropecuario constituye la unidad básica que decide sobre la organización de la actividad agropecuaria (JAHNKE, 1996).

El establecimiento agropecuario es una unidad de producción, de la cual se obtienen productos agropecuarios, mediante el empleo de factores de producción, y una empresa con fines de lucro, dentro de la cual, el agricultor, propietario o adjudicatario, es el empresario responsable de su conducción. La agricultura es, generalmente, una actividad del sector privado, siendo el agricultor el agente privado, dentro del sector agropecuario (GITTINGER, 1966).

El establecimiento agropecuario destinado a la producción de mercado busca, generalmente, maximizar el beneficio económico, a partir de optimizar los factores de producción. “El establecimiento familiar puede perseguir varios objetivos al mismo tiempo: producir suficientes reservas alimenticias para la familia cada año, obtener un ingreso económico, gozar de suficiente tiempo de esparcimiento, asegurar el futuro y evadir el riesgo”. Pese a la complejidad de estas variables, el autor afirma que es posible analizar, desde el punto de vista económico, las decisiones del pequeño productor como las de un ser racional, que cuenta con determinados recursos, persigue determinados objetivos y se confronta con un espectro de restricciones físicas para producir (RUTHENBERG, 1985).

↓59

Los proyectos agropecuarios se componen, por regla general, de dos niveles actuando en dependencia recíproca, los múltiples establecimientos agropecuarios y la institución que organiza el proyecto. Mientras que la institución define, generalmente, objetivos a escala nacional70, los agricultores se orientan según sus objetivos particulares (DOPPLER, 1991). La búsqueda de acuerdo entre ambos niveles requiere de herramientas de comunicación comprensibles a ambas partes y relevantes a su escala de interés e influencia.

Los instrumentos económicos de administración rural (betriebswirtschaftliche Instrumente) permiten describir en forma simple y de fácil comprensión el funcionamiento del establecimiento agropecuario en el tiempo y ofrecen elementos de decisión a diferentes participantes de la actividad agropecuaria:

↓60

El análisis del funcionamiento del establecimiento modelo, basado en valores medios regionales o extraídos de estaciones experimentales, permite estudiar los factores que determinan las diferencias entre los valores potenciales y los obtenidos por los establecimientos individuales (RUTHENBERG, 1985). Sin embargo, las generalizaciones en cálculos destinados a la planificación regional o para el asesoramiento al productor pueden distorsionar los resultados del análisis. En este aspecto pierde importancia obtener valores exactos sobre los indicadores económicos. Por el contrario, se pretende lograr reconocer con claridad las relaciones y los factores que influyen el desarrollo productivo del establecimiento individual (STRÖBEL, 1987).

2.4 Análisis del sistema agropecuario con GIS

El análisis de la actividad agropecuaria desde la perspectiva de los partícipes de los proyectos de desarrollo, institución promotora, con sus múltiples niveles jerárquicos, y el ejecutor local, el agricultor, se facilita adoptando un enfoque jerárquico funcional (teoría de paisajes), tanto en el aspecto ecológico como socioeconómico, definido en la dimensión espacial y temporal.

↓61

El presente trabajo propone la integración de enfoques y técnicas jerárquicas y participativas, combinando elementos de la clasificación de tierras, de la reseña participativa, de la teoría de paisajes y aplicando, como herramienta central de análisis, sistemas de información geográfica.

Componentes de la clasificación de tierras –clasificación del ambiente físico y natural y del uso actual- se aplican al estudio regional del uso de la tierra. La reseña participativa es introducida a fin de determinar los objetivos y las restricciones locales a la actividad agropecuaria.

Mediante los cálculos de administración rural se describe el funcionamiento del establecimiento agropecuario según la perspectiva del agricultor, brindando resultados relevantes para la administración a otros niveles de uso de la tierra. El análisis de la producción para consumo propio se aplica a fin de caracterizar con mayor precisión el establecimiento agropecuario familiar con menor inserción en la producción de mercado. El programa de actividades, el nivel tecnológico disponible y el trabajo demandado por la actividad agropecuaria del establecimiento agropecuario individual son estimados combinando espacialmente los resultados de clasificaciones de la tierra, de reseña participativa e informes anteriores mediante GIS71.

↓62

La escala espacial en la que se desarrolla el análisis particular se determina a partir de definir la escala en la que cada partícipe puede ejercer su mayor influencia. Al introducir GIS se reducen en extremo las dificultades del análisis por el cambio de escalas y se incrementa la capacidad de análisis en conjunto, observando las influencias de los elementos identificados a otras escalas.

Los resultados de estudios ambientales y socioeconómicos son integrados y analizados espacialmente mediante GIS. En el estudio del uso de la tierra se define como unidad funcional, desde el aspecto socioeconómico, el establecimiento agropecuario y, desde el aspecto ecológico, el parche. Las unidades mínimas homogéneas son definidas por la parcela agropecuaria, dentro del paisaje rural artificial, la unidad de paisaje, dentro del paisaje rural natural.

La estructura del sistema agropecuario se determina mediante la yuxtaposición espacial de ambas regionalizaciones. La estructura del sistema agropecuario se caracteriza con índices espaciales como: distribución y agregación, distancia, densidad.

↓63

La función del sistema agropecuario comprende la interacción de las unidades productivas entre sí y con el entorno. Para su análisis, se modela el funcionamiento de las unidades agropecuarias individuales, en conjunto, la interacción recíproca con el ambiente natural y con sistemas a otras escalas. La interacción se evalúa mediante índices ecológicos y socioeconómicos. Índices ecológicos de interés para caracterizar la interacción de la actividad agropecuaria y del ambiente natural son: conectividad entre áreas naturales, fragmentación, variegación, efecto de borde, espacio interior, entre otros. El desempeño socioeconómico de la actividad agropecuaria puede cuantificarse mediante cálculos de administración rural, a partir de los cuales se evalúa la intensidad, productividad y rentabilidad de la producción agropecuaria.

La evaluación del cambio dentro del sistema agropecuario se refiere tanto al análisis de la repercusión de innovaciones en el uso de la tierra sobre la intensidad, productividad y rentabilidad de producción agropecuaria, su repercusión sobre el ecosistema natural, así como la modificación de la interacción entre el sistema artificial y el natural. El cambio se analiza modificando los valores de los parámetros del modelo. La modificación de los parámetros define escenarios. Mediante los escenarios se analiza, además, el impacto de innovaciones en la actividad agropecuaria según las distintas perspectivas de una situación, diferenciadas en la escala espacial o temporal. La dimensión y dirección del cambio del desempeño de la actividad agropecuaria son determinantes de la sostenibilidad del sistema agropecuario. La modificación de los valores de los indicadores intensidad, productividad y rentabilidad puede emplearse como parámetro para analizar la sostenibilidad del sistema agropecuario en el análisis de proyectos72 y relacionarlos con estimaciones respecto al desarrollo rural.

El presente trabajo desarrolla la metodología: análisis del sistema agropecuario con GIS, según se expone en la presente sección, a partir de un caso de estudio: el uso de la tierra en el área rural del Distrito Andrés Guacurarí. El área se modela. Se define la estructura y función del sistema agropecuario en la situación inicial, desde el aspecto ecológico y socioeconómico. Luego se definen escenarios y se evalúa el cambio. En los siguientes capítulos se presenta y se discute el desarrollo metodológico y sus resultados para el caso de estudio.


Fußnoten und Endnoten

3  Los términos o frases que no cuenten con una traducción inequívoca o cuya libre traducción pueda conllevar a ambigüedades respecto del concepto original se presentan entre paréntesis y cursivas, siguiendo inmediatamente a la traducción de la autora.

4  “Por supuesto que los establecimientos agropecuarios grandes representan un papel en el desarrollo agropecuario. Ellos son a menudo indispensables para la producción de semillas y stock de cría. Presentan ventajas para lograr ciertos cultivos o estados de cosechas y para el uso de tierras marginales. El sector de establecimientos grandes puede jugar un papel importante para la introducción de nuevas tecnologías por prueba y error. Sin embargo, en el amplio espectro, los países en desarrollo han de lograr el desarrollo agropecuario a través de los pequeños establecimientos. Un gran cúmulo de evidencia empírica sugiere que los pequeños establecimientos –a pesar de su tamaño y el nivel inicial bajo de productividad- presentan una considerable capacidad de innovación y progreso, esto en relación con el desarrollo agropecuario en su más amplio sentido.” (Traducción: A.N.D.L.).

5  Con este término se abarca la franja latitudinal tropical y las regiones subtropicales con características agropecuarias y biogeográficas comunes a las tropicales; Véase JAHNKE (1996), RUTHENBERG (1985), MARGALEF (1991), LAMPRECHT (1989).

6  “La intensificación del uso de los suelos sin el apoyo de las tecnologías modernas y el aporte de energía, que éstas conllevan, conducen a un equilibrio de bajo nivel y al mismo tiempo a un uso no eficiente de la energía solar, abundantemente disponible en los trópicos y subtrópicos. Con la ayuda de tecnologías modernas se logra, por el contrario, obtener una vegetación útil, cuya formación de material seco alcanza y supera a la de la vegetación natural” (Traducción: A.N.D.L.).

7  PRIMAVESI (1984) concuerda sobre los beneficios alcanzados con el manejo adecuado de los suelos tropicales en la conservación de la productividad, señalando que la rotación de cultivos con pastos en combinación con leguminosas muestra mayor grado de recuperación de los mismos –en cuanto al contenido de nutrientes y de estructura-, que el mero abandono del lote por ciertos años y la consiguiente formación de la capoeira (vegetación espontánea invasora).

8  “A fin de elegir líneas de desarrollo apropiadas y adaptadas ecológicamente es necesario visualizar el sistema agropecuario integrando la ecología tropical como un todo... Los sistemas agropecuarios tradicionales de los ambientes húmedos, como la agricultura nómade y de huertas, pueden ser capaces de mantener la fertilidad del suelo con densidades bajas de población. Pero generalmente no son capaces de soportar la presión de población creciente... Una vegetación densa y una producción alta de biomasa... [provista por] el uso de tecnología moderna (variedades de alto rendimiento, fertilizantes, pesticidas, etc.) y en particular el cambio a cosechas múltiples o a cultivos perennes, [los cuales] elevan el total de producción de materia seca a un nivel igual o aún mayor que el de la vegetación natural, produciendo, al mismo tiempo, suficiente materia seca comestible... son esenciales para la estabilidad ecológica de los sistemas de uso de las tierras tropicales. En este sentido, se provee una cubierta protectora similar a la de la vegetación natural y la producción de materia orgánica beneficia a los suelos. La tecnología moderna en los trópicos puede ser muy acorde con los requisitos ecológicos de los sistemas del uso sostenible de la tierra.” (Traducción: A.N.D.L.).

9  Véase GITTINGER (1982), WARD & DEREN (1991).

10  “El análisis de proyectos de desarrollo se centra principalmente en estrictos cálculos financieros y económicos.” (Traducción: A.N.D.L.).

11  Véase GITTINGER (1982).

12  Básicamente las técnicas de clasificación de tierras contrastan el uso agropecuario, el urbano, el de conservación de la naturaleza y el de recreación. En la mayoría de las clasificaciones, se hace referencia al uso agrícola, como el de mayor intensidad en el ámbito rural, las implicancias que se obtengan respecto al mismo se consideran de valor para los demás usos, como de ganadería o de forestación, percibidos como usos de menor intensidad. Dentro de este contexto y en relación con la intensidad de uso de la tierra, se emplea el término de “uso agrícola” abarcando, conjuntamente, los usos de menor intensidad, de no ser discriminados en forma explícita.

13  Designada también como top-down.

14  Véase LUTZ & DALY (1990), CARPENTER (1981), HAMILTON (1981a), HEYMAN (1975).

15  Véase SCHÖNHUTH & KIEVELITZ (1993).

16  La posible escala de presentación está claramente delimitada por la calidad de información original de la que se disponga, sin embargo, los sistemas de información geográfica ofrecen a su vez la opción de interpolación de información, la que permite estudiar hipótesis basándose en la elaboración de escenarios.

17  McINTYRE et. al. (1996) discriminan los tipos de ecosistemas entre los naturales, conteniendo comunidades que evolucionaron en relativa ausencia del ser humano, los modificados (semi-natural), e. d. los que contienen comunidades que evolucionaron bajo su influencia y, finalmente, distinguen como comunidades artificiales, a las que resultan de nuevas combinaciones de especies, p. ej., plantas importadas de diversas regiones. A los fines del estudio se denota como ambientes, o ecosistemas, naturales, a aquellos conteniendo exclusivamente comunidades naturales y ambientes modificados, en los que distinguen combinaciones de los dos restantes tipos de comunidades. MARGALEF (1991) define “comunidad” como una población mixta, formada por individuos de diferentes especies que viven en un espacio continuo, delimitado de manera convencional; ecosistema es un retazo cualquiera de la biósfera, un sistema formado por individuos de muchas especies, en el seno de un ambiente de características definibles, e implicados en un proceso dinámico e incesante de interacción, ajuste y regulación. La palabra ecosistema no se refiere a una unidad concreta, sino a un nivel de organización, cuyos elementos constitutivos son los individuos de distintas especies.

18  Véase AVERY & BERLIN (1985), WELLER & DURWEN (1994), GALLOPÍN (1982), CARPENTER (1981), FREEMAN (1975), SCS (1962).

19  Suelo, a los propósitos de las clasificaciones de tierras, se define como el material natural, no consolidado, que representa el medio de arraigamiento de las plantas y del cual éstas obtienen nutrientes (SOTO & HARPER, 1975).

20  Véase FAO (1976), SOTO & HARPER (1975), SCS (1962).

21  ZONNEVELD (1989) remarca que el término unidad de tierra (land unit) unifica las múltiples acepciones existentes; las diferentes denominaciones se refieren a variaciones en los atributos analizados o en la escala de observación: sitio(site y Standort) se refiere a unidades relevantes a la actividad forestal, tipo de suelo (land type) se emplea en estudios de suelos; las zonas de vida(life zone) de Holdridge (referida principalmente a tipos de clima) o las zonas bioclimáticas (bioclimatic zone) de UNESCO son clasificaciones biogeográficas, basadas en atributos de clima y vegetación natural, mientras que las clasificaciones australiana, británica, y canadiense se refieren con los términos sistema de tierras (land system), faceta de tierra(land facet), paisaje predominante(main landscape), paisaje biofísico (bio-physical landscape)a una escala local.

22  El uso se refiere a la función y tipo de cobertura presente, en el ámbito rural se diferencian entre usos como el de producción, recreación, asentamiento de poblaciones (FREEMAN, 1975); se consideran como intensidades decrecientes, en el orden siguiente, p. ej., al cultivo intensivo, cultivo extensivo, pastura, forestación, conservación, recreación (SOTO & HARPER, 1975). Los métodos pueden diferenciarse por dedicar mayor énfasis al uso agrícola, como la clasificación de suelos de SCS (1962) o al forestal, como el enfoque ecológico canadiense (HILLS, 1966), en la valoración de áreas rurales en relación con las urbanas, como el método LESA (SCS, 1983) o por la neutralidad de la técnica con relación al uso potencial de interés, como el método de transparencias, presentado por McHARG (1971).

23  La selección de atributos se considera dependiente de la escala de análisis; CARPENTER (1981) discrimina el tipo de atributos pertinentes según dos escalas, la regional o nacional y la local y de distrito, para la primera considera suficiente el análisis de patrones de clima, suelo, topografía, vegetación y geología, mientras que para el nivel local, indica necesario disponer de conocimientos sobre rendimientos, regeneración de la vegetación natural, preferencia de especies de cultivo por parte del operador, posibilidades de mejoras del sitio y de prácticas culturales de la tierra; WELLER & DURWEN (1994) proponen analizar el territorio a escala de parcela, empleando parámetros como el nivel de acidez y alcalinidad, de humedad del suelo y del aire, de exposición solar, contenido natural de nutrientes, disponibilidad de temperaturas óptimas y ocurrencia de temperaturas extremas.

24  Véase HAMILTON (1981b), HAWES (1978), RANDALL (1975).

25  GALLOPÍN (1982) se refiere a unidades naturales, como aquellas definidas basándose en características observables o derivadas de la realidad.

26  Entre otros, se acepta que la variabilidad de los factores climáticos se encuentra ya presente en el tipo de suelo, que es el resultado del clima y de su acción sobre los materiales originarios (TIVY, 1993; SOTO & HARPER, 1975).

27  La calidad del suelo se infiere a partir de los patrones de variaciones de vegetación, formas de relieve, drenaje y erosión, reconocido en las imágenes remotas (DAVIDSON, 1980).

28  Los métodos comprenden la interpretación de fotos aéreas e imágenes de satélite y su clasificación manual o asistida por análisis multivariados pictográficos (de unidades de pixel) (AVERY & BERLIN, 1985); la interpretación se facilita utilizando datos de muestreos, datos estadísticos, informes técnicos y mapas disponibles (AVERY & BERLIN, 1985; KREISMAN, 1975).

29  La delimitación de unidades basadas en la cobertura original se dificulta debido a la creciente reducción de la vegetación natural (HOLDRIDGE, 1981). TOSI (1976) modifica el método de Holdridge (1967), reemplazando la delimitación de zonas de vida por la de unidades de paisaje, identificadas según los patrones de geología y geomorfología.

30  Esta clasificación fue desarrollada y utilizada para evaluar áreas rurales o despobladas de Canadá, como parte de un programa para inventariar recursos físicos de la tierra, según objetivos de manejo (LACATE, 1981). El método fue probado en áreas de bosques tropicales por HAWES (1978).

31  Unidad de paisaje y unidad de ecosistema son prácticamente sinónimos, sin embargo, el término ecosistema se emplea en sentido funcional, mientras que paisaje se asocia a variaciones espaciales de los componentes del ecosistema (como topografía, suelo, vegetación y clima) y su relación de unos a otros (MUELLER-DOMBOIS, 1981b).

32  Se emplea la acepción inglesa Geographical Information System: GIS.

33  Véase CARPENTER (1981), MUELLER-DOMBOIS (1981a), DAVIDSON (1980), HAWES (1978), SOTO & HARPER (1975).

34  Véase FAO (1993), LUTZ & DALY (1990), SOTO & HARPER (1975).

35  Las unidades pueden ser combinadas según la homogeneidad de determinados atributos, considerados relevantes a cada escala (DAVIDSON, 1980) o por métodos paramétricos, empleando técnicas de análisis multivariado (GALLOPÍN, 1982) o de tablas de doble entrada (MUELLER-DOMBOIS & ELLENBERG, 1974).

36  CARPENTER (1981) propone un criterio pragmático para elegir el grado de síntesis de la información detallada, según el cual, se debe optimizar el número de las nuevas unidades, en función de la escala elegida, a la cual se presenta el mapa final, de modo que no se sature la imagen con exceso de detalle, ni se desmedre el potencial de exposición de información en la escala elegida.

37  La necesidad de interpretar los resultados se atribuye al hecho, de que los planificadores, por lo general, no pertenecen a las disciplinas de las ciencias naturales básicas, sobre las cuales se fundamentan los estudios de tierras, por lo cual se estima conveniente transformar la información original en valoraciones aplicables directamente a la planificación del desarrollo agropecuario y forestal (WELLER & DURWEN, 1994; SOTO & HARPER, 1975).

38  Esta sección se orienta fundamentalmente en las afirmaciones de SOTO & HARPER (1975).

39  MUELLER-DOMBOIS (1981b) se refiere a este tipo de estudios como a la “determinación inherente de la tierra” (inherent land capability), definida según la capacidad de segmentos de tierra para mantener cierto potencial biológico y para recuperarse de perturbaciones; ambos criterios son relacionados por el autor, con el grado de recuperación de la vegetación natural; sin embargo, mientras que la estimación del potencial biológico puede definirse y ser medido como el tipo de comunidades de plantas y animales que pueden ser mantenidas bajo condiciones naturales o como la capacidad potencial de producir materia orgánica, el grado de recuperación a perturbaciones puede ser difícil de cuantificar. El autor indica que, a los propósitos de estudios de poco detalle, el grado de recuperación puede ser estimado a partir de considerar el clima, suelo, topografía, substrato geológico y la cobertura o el patrón de usos de la tierra; el potencial biológico, a su vez, puede ser deducido de las formaciones vegetales que se mantienen relativamente estables bajo condiciones naturales.

40  Suelo ideal es definido en este contexto como aquel que presenta todas y cada una de las mejores condiciones para la producción de cosechas (SOTO & HARPER, 1975).

41  En las clasificaciones más frecuentes, los factores climáticos locales se consideran reflejados en la definición de los suelos (SOTO & HARPER, 1975) o en la descripción de las formaciones vegetales naturales (HOLDRIDGE, 1967).

42  El sistema de clasificación de tierras de FAO (1976), entre uno de los de mayor empleo en la planificación rural, determina cinco niveles de aptitud de uso, desde apto sin restricciones a permanentemente no apto, diferenciándose una clase de otra, en los insumos requeridos para alcanzar productividades, consideradas necesarias. El sistema americano (SCS, 1962), por otra parte, define ocho clases de capacidad productiva, de las cuales, la primera permite la mayor cantidad de formas de usos, y en las clases siguientes se incrementan tanto los riesgos o limitaciones para el uso agrícola, como la intensidad de prácticas de conservación necesarias. Sin embargo, la enumeración de cultivos específicos debería ser inferida sólo en base a información detallada de las condiciones locales (WELLER y DURWEN, 1994; SOTO & HARPER (1975).

43  Esta definición remarca la selección de usos potenciales como aquellos usos que presenten mayores probabilidades de ser llevados a cabo con éxito, en consideración con las restricciones que el sistema natural imponga a su desarrollo. Desde un enfoque con mayor interés en la conservación de los ecosistemas utilizados, HAMILTON (1981a) destaca, que el objetivo de este procedimiento es indicar una variedad de usos, que no conlleven a la degradación del sitio y a la consiguiente pérdida de capacidad productiva, evaluados según las prácticas de manejo más empleadas en el lugar.

44  GALLOPÍN (1982) señala como riesgo común el incluir variables de delimitación, debido a la disposición de información sobre las mismas, sean éstas pertinentes o no.

45  Este aspecto es especialmente notorio en la clasificación de suelos y vegetación –dos de los principales componentes de la clasificación de tierras-, dada la gran variabilidad interna de estos factores, espacial y temporal, y las diferencias que surgen de generalizaciones (cartografiado) independientes (ZONNEVELD, 1989).

46  Véase KREISMAN (1975).

47  Los sistemas de clasificación de tierras fueron desarrollados originalmente para analizar regiones agrícolas templadas, con menor diversidad natural y mayor accesibilidad física (MOSS, 1981a; FREEMAN, 1975).

48  La fotografía aérea disponible para caracterizar la cubierta vegetativa no está actualizada en la mayoría de los países iberoamericanos y los estudios al nivel de reconocimiento (con escalas al rededor de 1:100.000 o menores), generalmente no justifican, por sí mismos, la toma de nuevas fotografías (FREEMAN, 1975).

49  PRIMAVESI (1984) indica que en las regiones tropicales, las características de los suelos bajo pasturas se equiparan a los de selvas en un período de aproximadamente diez años, tras la remoción de las mismas; similarmente, y dependiendo de las técnicas de manejo, pueden observarse cambios marcados en suelos de bosques, escasos años después de ser convertidos en tierras agrícolas.

50  Mediante técnicas de fotointerpretación rara vez es posible determinar características de los suelos inherentes al perfil (SOTO & HARPER, 1975).

51  Se presume, asimismo, que las unidades con mayor potencial biológico natural presentan, igualmente, la mayor productividad agrícola y forestal (MOSS, 1981a).

52  Véase MOSS (1981a).

53  Véase CAMERON (1981).

54  El manual para la clasificación de suelos Soil Survey Manual (SCS, 1962), p. ej., señala, que la discriminación de los suelos se emplea para identificar prácticas alternativas de manejo, predicciones sobre la adaptabilidad de los suelos a las mismas, así como los rendimientos de cultivos aptos a los tipos de suelos, bajo prácticas culturales específicas.

55  STEINER & BROOKS (1981) estiman que el movimiento ecológico en la planificación del uso de la tierra se origina en el campo académico en los cincuenta y su inicio institucional puede considerarse en 1969, con la promulgación del “Acta de política ambiental nacional” (National Environmental Policy Act). Este movimiento fue apoyado por numerosas organizaciones internacionales, como el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo (CARPENTER, 1981), así como por naciones europeas, Canadá, Japón y Australia, las que, igualmente, promulgaron lineamientos de “protección ambiental” (STEINER & BROOKS, 1981).

56  CARPENTER (1981) encierra bajo la denominación de “clasificación de la capacidad de la tierra” al estudio de capacidad y de aptitud y lo define como “las recomendaciones de los investigadores de las tierras sobre las modificaciones necesarias y las sugerencias sobre alternativas de uso”. OEA (1987) señala que, a menudo, la capacidad de la tierra se expresa en términos de aptitud. En el párrafo siguiente se discuten ambos conceptos como un único relacionado, siguiendo la definición de clasificaciones de tierras de SOTO & HARPER (1975), según la cual, la capacidad de la tierra es un análisis interpretativo de los relevos sobre los sistemas naturales y el de la aptitud es una segunda interpretación derivada del primer análisis.

57  “La capacidad de carga de una región cualquiera está sujeta a cambios. Puede ser incrementada por la inversión de capital y tecnología o por la introducción de energía y materiales provenientes del exterior de la región.” (Traducción: A.N.D.L.).

58  Se dispone de valores precisos, para determinadas especies, logrados en laboratorio, pero la correlación entre éstos y la situación ecológica real permanece sin validación (HERRICKS & SCHAEFER, 1985).

59  “... errores serios se producen [al decidir sobre usos futuros de la tierra] si todas las presunciones utilizadas en la clasificación no son conocidas... La capacidad de uso depende tanto de las características inherentes del paisaje como del nivel de tecnología [empleado].” (Traducción: A.N.D.L.).

60  El siguiente apartado se fundamenta en las afirmaciones de FREEMAN (1975).

61  Véase WELLER & DURWEN (1994), LUTZ & DALY (1990).

62  WELLER & DURWEN (1994) continúan el trabajo iniciado por Ellenberg, en los cincuenta, de describir por medio de mapas las características detalladas de las parcelas agrícolas en Baden-Württemberg, e interpretarla en función de la aptitud para el cultivo de frutales, trabajo que se basa en años de investigación y de muestreo. Los países en desarrollo no pueden realmente efectuar programas de clasificación de tierras, de recopilación de información para el desarrollo, sin meta fija (FREEMAN, 1975); resulta, asimismo, poco probable que estos países dediquen tamaña cantidad de recursos al análisis microclimático y de características de suelo, al nivel de parcelas, para promover el desarrollo regional.

63  Estas aseveraciones concuerdan con las afirmaciones de GITTINGER (1966), el cual concluye que la planificación comprehensiva ha excedido ampliamente la capacidad administrativa y técnica de los países en desarrollo.

64  “El fracaso de la planificación del uso de la tierra ha sido en realidad un fracaso en el trabajo con personas, más que con el de datos sobre recursos naturales. La planificación del uso de la tierra ha sido una actividad centralizada y jerárquica... La planificación del uso de la tierra falló porque los gobiernos no son omniscientes ni omnipotentes. La carga que se imponen a sí mismos en tratar de planear, implementar y administrar el uso de la tierra excede rápidamente su capacidad administrativa y logística, y supera tanto la habilidad de sus profesionales para suministrar información sobre recursos naturales como su propia capacidad para usarla. A pesar de todo aún codician los procedimientos, intentados, probados y fallados –mediante los cuales expertos preparan mapas que indican con considerable detalle como debe ser usada la tierra. Los supuestos beneficiarios del desarrollo tienen poca oportunidad de articular sus necesidades en relación con el desarrollo, tecnología o información. Tampoco tienen la oportunidad de contribuir con su conocimiento local.” (Traducción: A.N.D.L.).

65  A estas medidas se las justifica en el caso de emergencias –en situaciones, por ejemplo, de hambruna, inundaciones, epidemias- o como intervenciones de transición, para disminuir marcados desniveles entre el beneficio privado y público –p. ej., para establecer medidas veterinarias requeridas para asegurar la salud pública o reducir riesgos de epidemias animales, asegurar la existencia de bienes públicos o mantener una cadena de producción y manufactura; tales disposiciones deberán proyectarse a un tiempo limitado, tornándose ineficaces, de no conducir a lograr el consenso y la participación activa del ciudadano (RUTHENBERG, 1985).

66  Véase, asimismo, FAO (1993).

67  “No es que no se deban trazar mapas detallados, –sino lo contrario; mapas “limpios” deben ser puestos a disposición de la sociedad civil y de la comunidad internacional, y los mapas para futuras planificaciones deben constituir “escenarios” a ser decididos a través de procesos democráticos, no como resultados de ejercicios tecnócratas.” (Traducción: A.N.D.L.).

68  Véase SCHWEDERSKY et. al. (1997).

69  “Un GIS puede ofrecer valiosas herramientas a los planificadores del uso de la tierra. Primero, datos discontinuos pueden ser archivados y recuperados por su ubicación. Por ejemplo, el rendimiento de un cereal puede ser investigado a fin de calcular medidas de desempeño financiero, como el margen bruto; estos datos pueden ser archivados y recuperados más adelante para otros propósitos. Datos puntuales pueden ser archivados como tal, en vez de perderse por su incorporación a unidades de mapeo... Otra utilidad es la posibilidad de desarrollar cálculos complejos, tediosos para ser realizados en forma manual, utilizando cualquier combinación de datos almacenados,... tablas y mapas sobre la información interpretada pueden ser producidos en forma rápida. Más importante aún, los datos pueden ser actualizados o corregidos y los métodos de cálculo revisados al cambiar el software, tal que los nuevos mapas y tablas pueden ser producidos rápidamente. El costo de un GIS es actualmente bajo y sistemas verdaderamente potentes pueden ser corridos en computadoras personales.” (Traducción: A.N.D.L.).

70  Si bien éste no es el caso estricto de proyectos promovidos por organizaciones no gubernamentales, se verifica la divergencia expuesta, respecto al proceso de selección de objetivos globales, indicados por el autor.

71  Con el uso de computadoras se puede intentar resumir información sobre el uso agrícola de la tierra, como datos sobre manejo y organización de las fincas, prácticas para la utilización de los animales, cultivos y suelos, mercados, labor y transporte, así como las características de tenencia de la tierra y los niveles educacionales. Conjuntamente, pueden examinarse correlaciones estadísticas de estos factores y de los factores físicos ambientales y desarrollarse mapas interpretativos de los resultados de estos análisis, para aquellas características con variaciones geográficas relevantes (FREEMAN, 1975).

72  Véase JAHNKE et. al. (2000).



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12.10.2006